Mientras buena parte del mercado de camiones en Estados Unidos viene atravesando dos años de sobrecapacidad, tarifas planas y consolidación forzada, hay un segmento que se mueve en la dirección contraria: el de flatbed (chasis plano) y heavy haul (carga sobredimensionada).
Y el motor detrás de ese repunte no es el consumo minorista ni el rebote estacional de siempre, sino algo mucho menos evidente: la carrera por construir la infraestructura física que sostiene a la inteligencia artificial.
Un boom de construcción que no se ve, pero se transporta
Detrás de cada modelo de IA hay un edificio real: un centro de datos con miles de servidores, sistemas de refrigeración industrial y, cada vez más, su propia planta de generación eléctrica al lado, porque la demanda de energía de estos centros ya no la puede absorber la red convencional sin refuerzos.
Ese boom de construcción tiene un tamaño concreto: el gasto anual en construcción de centros de datos en Estados Unidos se triplicó desde 2022, hasta ubicarse en el orden de los 41.000 millones de dólares al año, impulsado directamente por el auge posterior a la llegada de ChatGPT.
Ese dinero no se traduce en containers ni en pallets de mercadería general. Se traduce en transformadores eléctricos, generadores, equipos de refrigeración, estructuras de acero y racks de servidores: piezas pesadas, irregulares, muchas veces únicas, que no entran en un furgón convencional.
Necesitan chasis plano, permisos especiales para carga sobredimensionada, escoltas y, en algunos casos, rutas diseñadas a medida. Ese tipo de carga es, casi por definición, trabajo para flatbed y heavy haul.

Los números detrás del repunte
El impacto ya se refleja en las tarifas. Según datos de DAT Freight & Analytics, el segmento flatbed viene de dieciocho meses de mercado spot en plena ebullición, empujado por la demanda de todo lo vinculado a centros de datos, energía nuclear y generación a diésel y gas natural.
Hacia mediados de 2026, las tarifas spot de flatbed llegaron a subir más del 30% interanual, marcando un récord, mientras que la relación de cargas disponibles por camión en el segmento llegó a superar las 73 cargas por cada camión disponible en marzo, un desequilibrio que explica por qué los precios no aflojan.
Dentro de la propia industria ya se habla de los materiales para centros de datos como uno de los commodities más rentables del año, con tarifas que rondan entre 3,50 y 5 dólares por milla —solo por detrás de la carga sobredimensionada pura, que puede llegar a pagar hasta 10 dólares por milla—. Es un contraste fuerte frente a otros segmentos, como el dry van tradicional, que siguen esperando una recuperación más pareja.
Un nicho con lógica propia
Lo interesante de esta historia no es solo el número, sino el porqué. Los centros de datos suelen construirse lejos de los grandes centros urbanos, en zonas rurales donde la tierra y la energía son más accesibles. Eso genera viajes con un tramo de ida cargado al límite y un regreso en vacío (deadhead) largo, algo que encarece cada operación y que explica por qué buena parte de este movimiento se maneja de forma transaccional, en el mercado spot, y no bajo contrato.
Es, además, un tipo de carga que por ahora escapa a cualquier debate sobre automatización: no hay ruta fija, no hay repetición, y cada traslado de un transformador o un generador de gran porte exige criterio, experiencia y coordinación humana con permisos estatales, cronogramas de obra y escoltas. La misma tecnología que alimenta el temor de «reemplazo» en otros rincones del transporte está generando, en este nicho puntual, una demanda que solo puede resolver un camión con chofer especializado al volante.
La otra cara: un boom con fecha de vencimiento
No todo es optimismo sin matices. Varios economistas de la construcción vienen advirtiendo que, si se saca a los centros de datos de la ecuación, el resto de la construcción no residencial en EEUU muestra señales de enfriamiento. Los contratistas que trabajan en proyectos de centros de datos acumulan en promedio cuatro meses más de trabajo en cartera que el resto, lo que confirma que el crecimiento del sector está apoyado casi exclusivamente en este boom puntual.
Y aunque las proyecciones de inversión en infraestructura de IA por parte de las grandes tecnológicas siguen siendo altísimas —hablando de cifras que podrían llegar a los 700.000 millones de dólares este año a nivel global—, hay consenso en que el ritmo de expansión exponencial actual no es sostenible en el largo plazo.
Para una revista de camiones, ahí hay una segunda capa de la nota: no se trata solo de contar el boom, sino de preguntarse qué pasa con los transportistas que reconvirtieron su flota o su carrera hacia este nicho cuando la curva de construcción empiece, tarde o temprano, a aplanarse.
Los estados donde más se siente el boom
El crecimiento de los centros de datos no está distribuido de manera uniforme. Estados como Virginia, Texas, Ohio, Louisiana y Wisconsin concentran algunos de los proyectos de infraestructura digital más importantes del país, impulsados por la disponibilidad de energía, grandes extensiones de terreno y políticas de incentivo para la inversión tecnológica.
En esas regiones, el movimiento de transformadores, equipos de refrigeración, estructuras metálicas y módulos eléctricos comenzó a modificar el mapa de la demanda para los transportistas especializados.
Para muchas empresas de transporte, esto también implica un cambio en la planificación de rutas. Los viajes ya no se concentran únicamente en los tradicionales corredores industriales o manufactureros, sino que cada vez aparecen nuevos destinos vinculados a la construcción de campus tecnológicos y centros de procesamiento de datos. En algunos casos, las cargas recorren cientos de millas desde las plantas donde se fabrican los equipos hasta zonas rurales donde se levantan estas instalaciones, generando oportunidades para operadores especializados en flatbed y heavy haul.
La expansión de este tipo de proyectos también beneficia a toda una cadena logística que va más allá del transportista. Empresas de permisos especiales, vehículos de escolta, operadores de grúas de gran capacidad y servicios de ingeniería logística registran un aumento sostenido de la actividad, reflejando que el impacto económico del auge de la inteligencia artificial trasciende ampliamente a las grandes compañías tecnológicas.
Transportes lo que transportes, siempre viaja asegurado
