Dos accidentes aéreos con nueve víctimas fatales quedaron vinculados con Florida en apenas unos días y volvieron a instalar las dudas sobre la seguridad de los vuelos en Estados Unidos.
El primero ocurrió el domingo 6 de septiembre en el Aeropuerto Internacional de Miami. El vuelo 7598 de 21 Air, un Boeing 767-300 de carga que operaba para Amazon Prime Air, se salió de la pista mientras aterrizaba después de llegar desde San Juan, Puerto Rico.
La aeronave atravesó el perímetro del aeropuerto y alcanzó vehículos que se encontraban en la zona. Cinco personas que estaban en tierra murieron y otras cinco resultaron heridas. La National Transportation Safety Board (NTSB) mantiene abierta la investigación.
Los primeros datos recuperados de las grabadoras del avión muestran que uno de los pilotos advirtió reiteradamente que llegaban demasiado rápido. El Boeing tocó la pista y, segundos después, la tripulación inició lo que los registros indican como un intento de go-around, una maniobra para abortar el aterrizaje y volver a despegar. El avión terminó saliendo de la superficie pavimentada. La información es preliminar y la NTSB todavía no determinó la causa del accidente.
Otra tragedia, esta vez camino a Miami
Apenas un día después, otra noticia volvió a sacudir a Florida. Una avioneta Piper PA-34 con cuatro integrantes de una familia de Miami desapareció mientras regresaba desde Great Harbour Cay, en Bahamas, hacia el Miami Executive Airport.
A bordo viajaban Mario Lamar, de 80 años, quien pilotaba la aeronave; su esposa Lili Lamar, de 79; y sus nietos Sofi Sosa, de 28, y Christian Sosa, de 22.
El control de tránsito aéreo perdió contacto con la aeronave cuando se encontraba aproximadamente 13 millas al oeste de Andros Island. Las autoridades de Bahamas solicitaron asistencia a la Guardia Costera de Estados Unidos y se desplegó un operativo de búsqueda, inicialmente complicado por las malas condiciones meteorológicas.
Los cuatro cuerpos fueron encontrados posteriormente. La familia regresaba a Miami después de pasar el fin de semana largo en Bahamas.
¿Estados Unidos está teniendo más accidentes?
La proximidad de ambos casos puede transmitir la sensación de que algo está ocurriendo con la aviación estadounidense. Sin embargo, las estadísticas requieren separar dos universos muy diferentes.
El Boeing 767 accidentado en Miami realizaba una operación comercial de carga bajo las regulaciones Part 121. La aeronave que desapareció cerca de Bahamas era una pequeña avioneta privada.
La NTSB contabiliza estas operaciones en categorías diferentes porque sus características, cantidad de vuelos, aeronaves, entrenamiento y exposición al riesgo también son distintas.
Y cuando se observa la evolución de la aviación general —el sector que incluye gran parte de las pequeñas aeronaves privadas— aparece un dato que contradice la percepción de una escalada generalizada.
Según la Federal Aviation Administration (FAA), en 1997 Estados Unidos registraba cerca de 400 accidentes fatales anuales de aviación general. Para 2024, la cifra había descendido a menos de 200.
Los datos preliminares de 2025 fueron todavía mejores: la tasa de accidentes fatales quedó en 0,61 por cada 100.000 horas de vuelo, y la FAA indicó que el año se encaminaba a registrar la tasa más baja desde 1989.
La aviación comercial tuvo un año excepcional en 2025
La aviación comercial presenta otra realidad.
En 2025 Estados Unidos sufrió uno de los accidentes más graves de las últimas décadas: la colisión entre un avión de pasajeros y un helicóptero militar cerca del Aeropuerto Nacional Reagan de Washington, que dejó 67 muertos.
Ese único accidente tuvo tal impacto que provocó que la FAA no pudiera cumplir su objetivo anual de mantener la tasa de fatalidad de la aviación comercial por debajo de 4,4 muertes cada 100 millones de pasajeros.
El episodio encendió alertas y llevó a revisar cuestiones relacionadas con el espacio aéreo y la gestión de riesgos. Pero tampoco permite concluir por sí solo que toda la aviación comercial estadounidense se haya vuelto más insegura.
Para saber si existe una tendencia es necesario observar varios años y millones de operaciones, no solamente una sucesión de accidentes de enorme repercusión.
También sabemos mucho más sobre cada incidente
Existe además otra explicación para la sensación de que continuamente hay problemas con los aviones: hoy los incidentes son mucho más visibles.
La propia FAA publica regularmente información sobre accidentes y emergencias. En su registro aparecen desde aeronaves accidentadas hasta vuelos comerciales que regresan a un aeropuerto por problemas técnicos y aterrizan sin inconvenientes.
La NTSB, por su parte, dispone de bases de datos públicas con accidentes de la aviación civil estadounidense desde hace décadas y mantiene registros de los casos recientes y las investigaciones en curso.
A eso se suman aplicaciones de seguimiento de vuelos, comunicaciones de pilotos que rápidamente llegan a las redes sociales, videos grabados desde las cabinas de pasajeros y medios digitales capaces de convertir una emergencia local en una noticia nacional en cuestión de minutos.
El reciente episodio del vuelo 2311 de Delta es un ejemplo.
La aeronave viajaba desde Los Ángeles hacia Salt Lake City cuando sufrió un problema de presurización. Las máscaras de oxígeno se desplegaron y los pilotos descendieron aproximadamente 27.000 pies en unos diez minutos antes de desviarse hacia Las Vegas.
Los 174 pasajeros y seis tripulantes desembarcaron sin lesiones.
La espectacularidad de un avión perdiendo miles de metros de altura en pocos minutos puede generar alarma, pero un descenso rápido ante una pérdida de presurización forma parte de los procedimientos de emergencia destinados precisamente a llevar la aeronave hasta una altitud segura.
¿Crisis aérea o percepción?
Los accidentes de Miami y Bahamas son tragedias reales y sus investigaciones deberán determinar exactamente qué ocurrió. También existen problemas de seguridad que las autoridades estadounidenses siguen de cerca.
Pero las estadísticas disponibles no muestran una explosión generalizada de accidentes aéreos en Estados Unidos.
En aviación general, de hecho, la tendencia de largo plazo muestra una reducción muy importante de los accidentes fatales. Y en aviación comercial, acontecimientos extraordinariamente graves pueden alterar las estadísticas de un año sin necesariamente representar un cambio estructural en la seguridad del sistema.
Lo que sí cambió radicalmente es la velocidad con la que cada accidente, aterrizaje de emergencia, falla de motor, problema de presurización o desvío llega al público.
Dos tragedias vinculadas con Florida en apenas dos días justifican la preocupación y obligan a mirar qué está ocurriendo. Pero para determinar si Estados Unidos realmente vuela hoy con mayor riesgo que antes, las estadísticas cuentan una historia bastante menos alarmante que los titulares.
