El consumidor estadounidense continúa gastando y mantiene uno de los principales motores de la economía, pero los indicadores de confianza todavía no muestran una recuperación sólida. La divergencia entre el comportamiento efectivo de los hogares y su percepción sobre la economía se convirtió en una de las señales más importantes para las empresas de Estados Unidos.
El dato más reciente del gasto confirma la resistencia. El Bureau of Economic Analysis informó que el consumo personal aumentó 0,5% en septiembre, mientras que los ingresos personales crecieron 0,2% y el ingreso personal disponible avanzó también 0,2%. Sin embargo, descontada la inflación, el consumo real prácticamente no se movió: aumentó menos de 0,1%.
La diferencia es relevante para empresarios e independientes. Una parte importante del aumento nominal del gasto refleja precios más elevados y no necesariamente un incremento equivalente en el volumen de bienes y servicios adquiridos.
Confianza: un rebote que todavía no alcanza
El principal dato positivo llegó desde The Conference Board. Su índice de confianza aumentó 7,5 puntos en octubre, hasta 91,7, después de haber registrado 84,2 en septiembre. El índice de situación actual subió 8,6 puntos, mientras que el de expectativas avanzó 6,9 puntos.
El resultado fue importante porque interrumpió tres meses consecutivos de retroceso en las expectativas. También mejoraron las opiniones sobre las condiciones empresariales y laborales.
Pero el dato debe interpretarse con cautela. The Conference Board señaló que la recuperación estuvo relacionada, entre otros factores, con la moderación de los precios minoristas de la gasolina entre septiembre y octubre. Además, la organización advirtió que la confianza continúa dentro de una tendencia descendente de largo plazo.
El consumidor tampoco está trasladando automáticamente ese mayor optimismo hacia decisiones importantes. The Conference Board registró una disminución en los planes de compra de automóviles, viviendas y bienes durables durante octubre. Las intenciones de gasto en servicios también se moderaron en varias categorías.
La señal es clara: una mejora mensual de la confianza no equivale todavía a una recuperación generalizada de la demanda.
La Universidad de Michigan ofrece una lectura todavía más prudente. Su índice final de sentimiento quedó en 48 puntos en octubre, prácticamente sin cambios respecto de los 48,1 de septiembre y 10,4% por debajo del nivel registrado un año antes.
La diferencia interna también resulta significativa. El índice de condiciones económicas actuales cayó 8,3% mensual, hasta 46,7, mientras que el índice de expectativas aumentó 5,4%, hasta 48,8. Las expectativas de inflación a un año subieron de 4,6% a 4,7%.
Por lo tanto, el consumidor llega al final del año con una percepción mucho menos favorable de su situación económica de la que sugeriría el rebote de The Conference Board.
El poder adquisitivo bajo presión
Las ventas minoristas también muestran fortaleza. El Census Bureau informó que las ventas de comercio minorista y servicios de alimentación alcanzaron US$745.000 millones en septiembre, un aumento de 0,8% respecto de agosto y de 6,3% frente a septiembre de 2025. En el trimestre julio-septiembre, las ventas fueron 5,5% superiores a las del mismo período del año anterior.
Sin embargo, estos datos están expresados en dólares corrientes y no eliminan el efecto de los precios. El problema aparece con mayor claridad cuando se observan las cifras de inflación.
El Bureau of Labor Statistics informó que el índice de precios al consumidor aumentó 0,6% en septiembre y 3,7% en los últimos doce meses. La gasolina subió 9,1% durante el mes y explicó más de la mitad del incremento mensual del índice general. La inflación subyacente aumentó 2,6% interanual.
La presión también aparece en la medida de inflación preferida por la Reserva Federal. Según el BEA, el índice de precios PCE aumentó 3,6% interanual en septiembre y 0,5% respecto de agosto. El PCE subyacente avanzó 3,1% interanual.
Para el consumidor, el problema no es solamente que los precios continúen aumentando. También importa que los ingresos reales no estén avanzando con suficiente velocidad para recuperar el poder adquisitivo perdido.

Los datos laborales respaldan esa preocupación. El Employment Cost Index del BLS mostró que la remuneración total de los trabajadores del sector privado aumentó 3,4% en los doce meses terminados en septiembre. Los salarios y sueldos crecieron 3,1%. Pero, ajustados por inflación, los salarios del sector privado disminuyeron 0,6% interanual.
Desde la perspectiva sindical, la presión sobre los presupuestos familiares también ocupa un lugar central. La AFL-CIO sostuvo en octubre que el aumento de precios, particularmente de la gasolina, estaba superando el crecimiento de los salarios durante varios meses consecutivos.
La advertencia coincide con un análisis del Economic Policy Institute, vinculado históricamente al movimiento laboral estadounidense. El instituto sostiene que la asequibilidad depende de la carrera entre ingresos y precios: cuando los ingresos avanzan más lentamente que la inflación, la capacidad de compra se deteriora.
Crédito: el otro límite para el consumo
El comportamiento del crédito agrega otra capa de complejidad.La encuesta de expectativas de hogares de la Reserva Federal de Nueva York mostró en septiembre que las expectativas de crecimiento del gasto nominal para los próximos doce meses subieron a 5,5%, el nivel más alto desde mayo de 2023. Las expectativas de crecimiento del ingreso familiar también aumentaron, hasta 3,1%, el máximo desde febrero de 2025.
Pero al mismo tiempo empeoró la percepción sobre el acceso al crédito. También aumentó la proporción de hogares que considera más difícil obtener financiamiento que un año atrás.
El endeudamiento explica parte de esa tensión. El último informe disponible de deuda de hogares de la Reserva Federal de Nueva York situó el saldo total en US$18,77 billones al cierre del segundo trimestre. La deuda de tarjetas de crédito alcanzó US$1,263 billones y la de préstamos para automóviles llegó a US$1,713 billones.
La morosidad, sin embargo, requiere una lectura cuidadosa. La propia Fed de Nueva York señaló que las nuevas entradas en mora de tarjetas se han mantenido relativamente estables, aunque en niveles elevados. Esto significa que no existe evidencia suficiente para describir una crisis generalizada de crédito de los hogares.
Para las empresas, la conclusión es importante: existe capacidad de gasto, pero también mayor sensibilidad a las condiciones de financiamiento.
Una confianza que no mejora de manera uniforme
El contraste más fuerte aparece en la encuesta LSEG/Ipsos. Su índice de sentimiento cayó en octubre hasta 45,2 puntos, el nivel más bajo desde octubre de 2011. La caída mensual fue de 5,3 puntos, la segunda mayor desde que comenzó la serie, solamente superada por abril de 2020. Además, el indicador quedó por debajo del mínimo registrado durante la pandemia.
Los cuatro componentes del índice descendieron. Los mayores retrocesos se produjeron en las mediciones de situación actual e inversión, ambas con caídas superiores a siete puntos.
El resultado demuestra que no existe una única lectura sobre el estado de los hogares estadounidenses. Dependiendo del indicador utilizado, octubre puede interpretarse como un mes de recuperación de la confianza, estabilidad o fuerte deterioro del sentimiento.
Deloitte aporta una cuarta perspectiva. Su medición ConsumerSignals encontró que el bienestar financiero continuó mejorando ligeramente y permaneció por encima del nivel de un año atrás. Pero las intenciones de gasto discrecional se moderaron y las expectativas sobre los precios de los alimentos permanecieron cerca de máximos de cuatro años.
Para un empresario, esta combinación resulta probablemente más útil que cualquier índice individual.
El consumidor sigue comprando, pero está seleccionando con mayor cuidado dónde colocar su dinero. El gasto esencial mantiene mayor resistencia, mientras que las decisiones discrecionales y las grandes compras enfrentan mayores obstáculos.
Qué significa para las empresas estadounidenses
La principal conclusión para empresarios e independientes es que la demanda interna todavía ofrece soporte, pero no debe confundirse resistencia con fortaleza ilimitada.
El consumidor puede mantener el gasto mientras tenga empleo, ingresos y acceso al crédito. Pero la combinación de inflación todavía elevada, salarios reales bajo presión y financiamiento más restrictivo reduce el margen disponible para nuevas compras.
Esto puede tener efectos diferentes según el sector. Restaurantes, servicios digitales, salud y determinadas actividades de entretenimiento muestran una demanda relativamente resistente. En cambio, automóviles, viviendas, electrónica y otros bienes de alto valor enfrentan una sensibilidad mayor frente a las tasas de interés y al poder adquisitivo.
También cambia la forma de competir. En un escenario de confianza frágil, las empresas tienen menos margen para trasladar aumentos de costos directamente a los precios sin evaluar la reacción de sus clientes.
La estrategia comercial puede depender cada vez más de promociones, financiamiento, productos de entrada, programas de fidelización y propuestas que hagan visible el valor recibido por cada dólar gastado.
La señal más importante para los próximos meses será determinar si el gasto real comienza a desacelerarse o si consigue mantenerse mientras las expectativas mejoran.
Por ahora, los datos describen una economía en la que el consumidor todavía sostiene la actividad, pero lo hace con una percepción mucho más cautelosa de su situación financiera.
