Las cámaras Flock durante años aparecieron discretamente al costado de carreteras, accesos a ciudades e intersecciones de Estados Unidos. Parecen pequeñas cámaras de tránsito instaladas sobre postes, pero su función es diferente: pueden identificar vehículos, registrar sus placas y almacenar información que posteriormente puede utilizarse en investigaciones policiales.
Ahora, el Florida Department of Transportation (FDOT) revocó las autorizaciones para los lectores automáticos de placas instalados en carreteras estatales y ordenó a las agencias policiales locales retirarlos.
Los dispositivos que continúen instalados después del plazo de 30 días podrán ser removidos por el propio Estado.
Además, el departamento dejará de aceptar nuevas solicitudes para instalar este tipo de equipos en esas vías.
La decisión alcanza a los Automated License Plate Readers (ALPR), una tecnología utilizada por diferentes compañías, aunque buena parte de la controversia se concentra en Flock Safety, uno de los principales proveedores del país.
¿Qué son las cámaras Flock?
No son cámaras tradicionales destinadas simplemente a observar el tránsito ni funcionan necesariamente como las cámaras utilizadas para emitir multas por velocidad.
Los dispositivos de Flock son lectores automáticos de placas. Cuando un vehículo pasa frente a ellos, el sistema puede capturar la matrícula y características del vehículo y convertir esa información en datos que pueden ser consultados posteriormente por las agencias autorizadas.
Las cámaras utilizan tecnología de reconocimiento y machine learning para identificar información de los vehículos. De esta manera, una agencia policial puede buscar, por ejemplo, una placa relacionada con un automóvil robado o con una investigación y comprobar si ese vehículo pasó frente a alguna cámara de la red.

Esa capacidad explica por qué las fuerzas policiales adoptaron rápidamente la tecnología.
Los sistemas ALPR pueden ayudar a encontrar vehículos robados, localizar personas desaparecidas o generar pistas en investigaciones de delitos graves. Sus defensores sostienen que permiten realizar en segundos búsquedas que antes podían requerir horas de trabajo policial.
Pero esa misma capacidad abrió una pregunta mucho más complicada: ¿qué sucede con la información de los millones de conductores que no están siendo investigados por ningún delito?
El problema ya no es solamente leer una placa

Una placa es visible para cualquier persona que esté en una carretera pública. El debate sobre los ALPR surge por algo diferente: la posibilidad de registrar automáticamente miles o millones de movimientos, almacenarlos y convertirlos en una base de datos consultable.
Una cámara aislada puede registrar que un vehículo pasó por determinado punto.
Una red de cámaras puede ofrecer algo mucho más poderoso: diferentes registros de ese mismo vehículo en distintos lugares y momentos.
Para un conductor particular eso puede significar información sobre sus desplazamientos. Para un trucker que recorre cientos de millas diariamente, la cantidad potencial de registros puede ser considerablemente mayor.
La preocupación aumenta cuando los datos pueden consultarse desde otras jurisdicciones.
Una investigación publicada recientemente por WIRED mostró hasta dónde puede extenderse esa red: la Policía de Alpharetta https://www.alpharetta.ga.us/police, Georgia, compartía información de su sistema Flock con más de 2.000 organizaciones, mientras que también podía recibir datos procedentes de numerosas agencias.
Y el fenómeno también llegó a Florida.
Según Axios, el Departamento de Policía de Hollywood https://www.hollywoodfl.org/1702/Police compartía datos de sus lectores automáticos de placas con 365 agencias policiales de Estados Unidos, incluidas algunas ubicadas a miles de millas de Florida.
Ese alcance ayuda a entender por qué una tecnología inicialmente presentada como una herramienta policial local terminó generando un debate nacional sobre vigilancia.
¿De dónde viene la polémica?
El rechazo no apareció de un día para otro.
Durante los últimos años comenzaron a conocerse casos relacionados con intercambio de datos entre jurisdicciones, accesos cuestionados y utilización de los sistemas para finalidades diferentes de aquellas que justificaron originalmente su instalación.
En junio de 2026, por ejemplo, una auditoría de la Policía de San Francisco determinó que agencias federales y de otros estados habían accedido indebidamente cientos de veces a datos de lectores de placas de la ciudad.
También aparecieron casos mucho más personales.
En Florida, una investigación interna determinó recientemente que un agente del condado de Brevard había utilizado el sistema Flock fuera de servicio y sin una justificación válida para buscar el vehículo de una expareja. El agente terminó renunciando.
Otro caso conocido recientemente en Georgia involucró a un policía acusado de utilizar Flock repetidamente para rastrear los vehículos de una expareja y otra agente.
Estos episodios alimentaron una preocupación central: una herramienta creada para investigar delitos también puede convertirse, si fallan los controles, en una herramienta extremadamente potente para seguir los movimientos de una persona.
Florida decidió intervenir
En el memorando emitido el 31 de agosto, FDOT justificó su decisión señalando el crecimiento exponencial de estos dispositivos en las carreteras y las preocupaciones relacionadas con posibles usos indebidos, privacidad de los datos y esquemas de vigilancia.
El gobernador Ron DeSantis también cuestionó la expansión de estas cámaras y planteó la necesidad de establecer mayores límites sobre su utilización.
El cambio es significativo porque Florida había permitido hasta ahora la instalación de estructuras específicamente diseñadas para lectores de placas en su sistema vial. De hecho, documentación oficial de FDOT incluía diferentes soportes de Flock Safety entre los equipos cuya estructura había sido revisada y aprobada para utilización en Florida.
.
¿Florida está prohibiendo todas las cámaras Flock?
La orden de FDOT se refiere a los lectores instalados dentro de la jurisdicción vial estatal y a las carreteras públicas afectadas por las autorizaciones del departamento. No significa automáticamente que todas las cámaras Flock desaparezcan de Florida.
Ciudades, condados, departamentos de policía, comunidades privadas y otras entidades pueden tener dispositivos instalados fuera de esas áreas, sujetos a otras normas y contratos.
Por eso un conductor todavía puede encontrarse con lectores de placas en diferentes puntos del estado.
Lo que cambia es que Florida está utilizando el control que tiene sobre su infraestructura vial para limitar una expansión que considera problemática.
¿Qué dice Flock Safety sobre los datos?
La compañía sostiene que los clientes son propietarios y controlan la información recopilada por sus cámaras y deciden con quién compartirla. Flock también afirma que no vende esos datos y que las agencias pueden limitar o revocar el acceso de otras organizaciones.
La empresa asegura además que ICE no tiene acceso directo a las cámaras o a los datos de Flock y que cualquier intercambio con una agencia federal depende de las decisiones y autorizaciones de las agencias locales que controlan esa información.
Sin embargo, las investigaciones sobre cómo diferentes departamentos comparten información son precisamente uno de los factores que mantienen abierto el debate.
¿Por qué debería importarle esto a un trucker?
Porque pocos trabajadores pasan tantas horas bajo cámaras de carreteras como un conductor profesional.
Un trucker puede atravesar varias ciudades, condados y estados durante una sola jornada. Su tractor y su trailer circulan constantemente por autopistas, intersecciones, accesos industriales, depósitos y áreas metropolitanas.
La discusión sobre los ALPR no significa que cada cámara esté siguiendo individualmente a cada camionero. Tampoco que el simple hecho de registrar una placa implique automáticamente un uso indebido.
El punto es otro: la tecnología hace técnicamente posible construir registros cada vez más amplios sobre dónde y cuándo fue detectado un vehículo.
Y en una industria basada precisamente en el movimiento constante de vehículos comerciales, la discusión sobre quién puede consultar esos registros, durante cuánto tiempo se conservan y con qué finalidad tiene una importancia especial.
Florida acaba de convertirse en uno de los ejemplos más contundentes de ese debate.
Las cámaras que durante años fueron presentadas principalmente como una herramienta para encontrar vehículos y combatir delitos ahora están en el centro de una discusión mucho mayor en Estados Unidos: cuánta vigilancia es aceptable en una carretera pública y quién debe controlar la información que dejan los vehículos cada vez que pasan frente a una cámara.
