Qué es el Corredor Andes-Atlántico y por qué es estratégico para EE.UU

Pablo Quirno and Christopher Landau sign the agreement between Argentina and the United States launching the Andes-Atlantic Corridor.
El Corredor Andes-Atlántico es un acuerdo entre Estados Unidos y Argentina para conectar energía y minerales críticos con los puertos del Atlántico. Incluye inversiones en ferrocarriles, ductos, puertos e infraestructura eléctrica y busca fortalecer las cadenas de suministro de EE.UU.

En un momento en que los conflictos internacionales vuelven a mostrar la vulnerabilidad de algunas de las principales rutas mundiales de energía, Estados Unidos acaba de poner en marcha una iniciativa que mira mucho más cerca de casa.

Se trata del Corredor Andes-Atlántico, un ambicioso acuerdo que combina ferrocarriles, puertos, ductos, redes eléctricas e infraestructura digital para conectar enormes recursos de petróleo y gas y regiones ricas en litio y cobre con el Atlántico y los mercados occidentales.

Para Estados Unidos, el proyecto tiene una doble dimensión: puede abrir miles de millones de dólares en oportunidades para sus empresas y, al mismo tiempo, fortalecer cadenas de suministro de energía y minerales críticos dentro del Hemisferio Occidental.

El corredor no busca simplemente construir una vía férrea, mejorar un puerto o financiar un gasoducto. La propuesta es conectar esas infraestructuras para crear una nueva ruta de salida para recursos que hoy son estratégicos para la economía mundial.

El Departamento de Estado de Estados Unidos lo define como una iniciativa destinada a conectar el noroeste argentino, rico en minerales críticos, y la cuenca energética de Vaca Muerta con los puertos atlánticos y los mercados occidentales mediante infraestructura ferroviaria, ductos, puertos, electricidad y redes digitales.

Washington señala expresamente que el proyecto busca fortalecer las cadenas de suministro de litio, cobre, petróleo y gas, movilizar miles de millones de dólares en inversiones y ampliar las oportunidades para las empresas estadounidenses.

Si las inversiones y las obras previstas avanzan, el Corredor Andes-Atlántico podría cambiar durante décadas la forma en que energía y minerales estratégicos del Hemisferio Occidental llegan a los mercados internacionales.

Andes
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¿Qué es el Corredor Andes-Atlántico?

Estados Unidos y Argentina lanzaron formalmente el corredor el 23 de septiembre, durante la Semana de Alto Nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Su escala se entiende mejor mirando un mapa.

Argentina está atravesada de norte a sur por la Cordillera de los Andes y buena parte de sus principales recursos energéticos y minerales se encuentra en el interior del territorio, a cientos o miles de kilómetros de los grandes puertos.

En el oeste se encuentra Vaca Muerta, una de las grandes formaciones de petróleo y gas no convencional del mundo. Hacia el noroeste se extienden importantes regiones de litio y cobre.

El desafío no es solamente extraer esos recursos. También hay que transportarlos competitivamente hasta los mercados.

El Corredor Andes-Atlántico busca conectar esas regiones productivas con los puertos interiores de la Hidrovía y con los puertos del Atlántico mediante una red que incluye ferrocarriles, oleoductos, gasoductos, generación y transmisión eléctrica, infraestructura portuaria y sistemas digitales.

La declaración conjunta de ambos gobiernos establece que las inversiones estadounidenses y aquellas respaldadas por Estados Unidos buscarán aumentar las exportaciones de minerales, petróleo y gas mediante obras en ferrocarriles, vías navegables, puertos, ductos e infraestructura energética.

¿Por qué le interesa a Estados Unidos?

La respuesta aparece en los propios documentos estadounidenses: energía, minerales críticos, cadenas de suministro y oportunidades para sus empresas.

El nuevo corredor es el primero de la Partnership for Global Infrastructure and Investment en el Hemisferio Occidental y, según el Departamento de Estado, profundizará la integración económica entre ambos países y conectará inversores con oportunidades en energía, minería, infraestructura y tecnología.

Esto significa que Estados Unidos no solamente participa en el financiamiento de infraestructura.

También puede ganar acceso a nuevas cadenas de suministro dentro del Hemisferio Occidental mientras sus empresas participan en la construcción de la infraestructura necesaria para desarrollarlas.

Y el contexto internacional vuelve especialmente relevante esa posibilidad.

Ormuz, Bab al-Mandab y la vulnerabilidad de las rutas de energía

Los conflictos en Medio Oriente han vuelto a poner el foco sobre dos pequeños puntos del mapa con una enorme influencia sobre la economía mundial: los estrechos de Ormuz y Bab al-Mandab.

Ormuz constituye una de las principales rutas marítimas para el petróleo y el gas natural licuado mundial. Bab al-Mandab conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y forma parte de otra vía fundamental para el transporte internacional de energía y mercaderías.

Cuando esas rutas enfrentan conflictos o restricciones, el problema puede extenderse rápidamente mucho más allá de Medio Oriente.

El Corredor Andes-Atlántico no significa que Argentina vaya a reemplazar a los productores de Medio Oriente, ni los gobiernos han presentado el proyecto en esos términos.

Pero el escenario internacional permite entender por qué diversificar las fuentes y las rutas de abastecimiento de energía y minerales tiene cada vez mayor importancia estratégica.

Y en este caso los recursos están mucho más cerca de Estados Unidos, en el Hemisferio Occidental.

Vaca Muerta: caminos para la energía

Vaca Muerta posee enormes recursos de petróleo y gas, pero para transformar ese potencial en exportaciones a gran escala hace falta mucho más que perforar pozos.

Se necesitan ductos, plantas de procesamiento, electricidad, rutas, ferrocarriles y terminales de exportación.

Uno de los grandes proyectos asociados al nuevo esquema es Argentina LNG, un desarrollo integrado de US$51.000 millones liderado por YPF junto con la italiana ENI y XRG, de Emiratos Árabes Unidos.

El Export-Import Bank of the United States (EXIM) ya emitió una hoja de términos indicativa y no vinculante por hasta US$6.000 millones para el proyecto.

Y aquí aparece una parte fundamental de la ecuación para Estados Unidos: el financiamiento propuesto está destinado a respaldar la adquisición de bienes y servicios estadounidenses necesarios para el desarrollo de infraestructura y las actividades productivas.

Es decir, desarrollar la capacidad exportadora de energía también puede generar negocios para compañías de Estados Unidos.

Empresas estadounidenses ya consiguieron contratos

Algunas de esas oportunidades ya comenzaron a materializarse.

La estadounidense McDermott obtuvo un contrato relacionado con la ingeniería, adquisición, construcción y puesta en marcha de una planta de fraccionamiento de líquidos de gas natural y tratamiento de gas.

A su vez, Pumpco, subsidiaria de MasTec, participa junto con Bonatti y Contreras Hnos. en un contrato de ingeniería, compras y construcción valuado en más de US$1.000 millones para el sistema de ductos de exportación de Argentina LNG, sujeto a la decisión final de inversión.

Esto permite entender cómo funciona el modelo.

Estados Unidos puede movilizar financiamiento para infraestructura; esa infraestructura permite producir y exportar más energía y, simultáneamente, genera demanda de ingeniería, equipos, tecnología y servicios estadounidenses.

Hasta US$7.000 millones para impulsar el corredor

La dimensión financiera va más allá de Argentina LNG.

EXIM y Argentina firmaron el U.S.-Argentina Build the Future Framework, que contempla financiamiento de hasta US$7.000 millones para 2027 destinado a proyectos que amplíen infraestructura y capacidad productiva.

También podrán intervenir la U.S. International Development Finance Corporation (DFC) y la U.S. Trade and Development Agency (USTDA), además del sector privado.

La declaración conjunta establece que Estados Unidos podrá utilizar precisamente esas herramientas financieras y de asistencia técnica para apoyar el desarrollo del corredor.

Los trenes también forman parte del mapa

El corredor no termina en los ductos.

Argentina puso en marcha procesos para rehabilitar y ampliar las líneas ferroviarias de carga Belgrano, San Martín y Urquiza, infraestructura especialmente importante para reducir los costos de transporte de la minería y la producción agropecuaria.

También se proyectan nuevas conexiones ferroviarias desde Vaca Muerta hacia Bahía Blanca, los puertos metropolitanos de Buenos Aires y otros puntos estratégicos de la Hidrovía.

El objetivo es que petróleo, gas, litio, cobre y productos agrícolas puedan desplazarse con mayor eficiencia desde las regiones productivas hasta los puertos.

Por eso, más que una obra determinada, el corredor propone integrar diferentes sistemas de transporte y energía que históricamente funcionaron de manera fragmentada.

Litio y cobre: la otra gran pieza

El acuerdo incluye explícitamente los minerales críticos. Estados Unidos y Argentina buscarán identificar oportunidades para desarrollar la minería y el procesamiento de estos recursos y diversificar las cadenas globales de suministro.

El litio y el cobre ocupan un lugar central.

Eso significa que un ferrocarril que reduce los costos para una mina, una nueva línea eléctrica que permite desarrollar un proyecto o un puerto capaz de manejar mayores volúmenes forman parte de una estrategia mucho mayor.

El mapa empieza entonces a conectarse: Vaca Muerta, litio, cobre, ferrocarriles, ductos, Hidrovía, puertos atlánticos, electricidad e infraestructura digital.

El primero de su tipo en el Hemisferio Occidental

Hay otro dato que permite dimensionar el proyecto. El Corredor Andes-Atlántico se incorpora a una red de corredores económicos estratégicos respaldados por Estados Unidos alrededor del mundo.

Entre ellos se encuentran el Lobito Corridor, en África; el Luzon Economic Corridor, en Filipinas; el India-Middle East-Europe Economic Corridor y la Trans-Caspian Trade Route.

La declaración conjunta estadounidense ubica expresamente al nuevo corredor dentro de esa estrategia global.

Pero este tiene una característica particular: es el primero dentro del Hemisferio Occidental.

Y Washington ya prepara los próximos pasos. Una delegación estadounidense integrada por representantes del Departamento de Estado, DFC y EXIM viajará en octubre a Buenos Aires, Jujuy y Salta para identificar y avanzar proyectos.

Estados Unidos y Argentina también organizarán roadshows destinados a conectar compañías estadounidenses con oportunidades de inversión y licitaciones activas.

¿Puede realmente cambiar el mapa?

Todavía existe una distancia importante entre lanzar un corredor económico y construir toda la infraestructura que contempla.Hay proyectos que necesitan financiamiento definitivo, concesiones, aprobaciones, decisiones de inversión y años de ejecución.

Pero la dimensión del proyecto no está solamente en el dinero anunciado.

En un extremo existen enormes recursos de petróleo, gas, litio y cobre. En el otro, puertos capaces de abrirles una ruta hacia los mercados internacionales. Entre ambos hacen falta miles de kilómetros de infraestructura.

Estados Unidos quiere participar en esa conexión con financiamiento, tecnología y empresas propias mientras fortalece cadenas de suministro de recursos considerados estratégicos.

Y todo ocurre en un momento en que los conflictos internacionales vuelven a demostrar que la seguridad energética depende no solamente de cuánto petróleo, gas o minerales existen, sino también de dónde provienen y por qué rutas pueden llegar al mercado.

Si las inversiones previstas finalmente se convierten en ferrocarriles, ductos, redes eléctricas y puertos, el Corredor Andes-Atlántico podría hacer mucho más que acelerar las exportaciones de un país.

Podría ayudar a dibujar una nueva ruta para la energía y los minerales del Hemisferio Occidental y cambiar durante décadas el mapa logístico con el que Estados Unidos se conecta con algunos de los recursos más estratégicos del mundo.

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