El 1 de julio la administración del presidente Trump anunció oficialmente que no renovará el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) por un nuevo periodo de 16 años y, en su lugar, impulsará revisiones anuales para evaluar posibles cambios al acuerdo. Jamieson Greer, el representante comercial de EE.UU., afirmó que la administración considera que el tratado requiere modificaciones para corregir desequilibrios comerciales, por lo que no está dispuesta a extenderlo sin ajustes.
Aunque el T-MEC continuará vigente hasta 2036, siempre que ninguno de los tres países decida abandonarlo, el nuevo esquema abre un periodo de negociaciones permanentes sobre temas como reglas de origen, aranceles, inversión y comercio automotriz. Entre los puntos más sensibles destacan el endurecimiento de los requisitos para el contenido regional en vehículos, el tratamiento de las inversiones chinas en Norteamérica y los aranceles estadounidenses sobre sectores como el automotriz y los metales.
El acuerdo ha impulsado significativamente el comercio regional, superando los 1.6 billones de dólares en 2024. Sin embargo, organismos empresariales y representantes de industrias como la automotriz, el comercio minorista y la manufactura advirtieron que una revisión constante podría frenar inversiones y generar incertidumbre para las empresas que dependen de cadenas de suministro integradas en la región.

El T-MEC en la cadena de suministros
El cambio representa un giro respecto a la estabilidad que el tratado había brindado desde su entrada en vigor en 2020, consolidando cadenas de suministro altamente integradas en sectores como el automotriz, manufacturero, agrícola y energético. La nueva estrategia de Trump podría prolongar durante años las discusiones comerciales.
Para la cadena de suministro, el principal impacto será la incertidumbre. Las empresas suelen planear inversiones, desarrollar proveedores y diseñar redes logísticas con horizontes de varias décadas, por lo que un proceso de revisión anual dificulta tomar decisiones de largo plazo. Ante la posibilidad de cambios en las reglas comerciales, algunas compañías podrían retrasar inversiones en nuevas plantas, centros de distribución o proyectos de expansión hasta contar con mayor claridad sobre el futuro del acuerdo.
En el ámbito del transporte de carga, esta incertidumbre también podría traducirse en cambios en los patrones de movimiento de mercancías. Si durante las negociaciones se anuncian nuevas reglas de origen o modificaciones arancelarias, es probable que muchas empresas adelanten importaciones o exportaciones para aprovechar las condiciones actuales, generando incrementos temporales en la demanda de transporte terrestre, ferroviario y marítimo. Posteriormente, los flujos logísticos podrían ajustarse conforme las compañías reorganicen sus cadenas de suministro para cumplir con los nuevos requisitos.
Asimismo, si Estados Unidos impulsa reglas de origen más estrictas, especialmente para la industria automotriz, los fabricantes tendrían que incrementar el contenido regional de sus productos y buscar nuevos proveedores dentro de Norteamérica. Esto modificaría las rutas de abastecimiento y el volumen de carga que circula entre México, Estados Unidos y Canadá, además de aumentar la necesidad de procesos de verificación y documentación para demostrar el cumplimiento de las disposiciones del tratado.
The Trump Administration is ensuring that the USMCA benefits U.S. manufacturers, farmers, ranchers, workers, service suppliers, and businesses of all sizes. pic.twitter.com/OEz0ADUR9h
— United States Trade Representative (@USTradeRep) July 2, 2026
Elemento de incertidumbre
Aunque el T-MEC continúa vigente y mantiene los beneficios comerciales que han favorecido la integración económica de la región, la decisión de sustituir una renovación de largo plazo por revisiones anuales introduce un elemento de incertidumbre que podría influir tanto en la planeación de las cadenas de suministro como en la dinámica del transporte de carga durante los próximos años.
Grupos de cabildeo, entre ellos la Cámara de Comercio de EE.UU. y la Business Roundtable, han presionado a los gobiernos para que fortalezcan y mantengan el acuerdo, según datos de Bloomberg.
“Las cadenas de suministro se construyen con una visión a 30 años, no a cinco, y la incertidumbre podría disuadir la inversión y el crecimiento,” escribió esta semana Madeline Chalecki, subdirectora del Centro de Geoeconomía del Atlantic Council, en una publicación en línea.
