Estados Unidos propone reforzar los requisitos de “Buy America” para las estaciones de recarga de vehículos eléctricos financiadas con fondos públicos.
El Departamento de Transporte de EE.UU. anunció el martes 10 de febrero su propuesta para aumentar el contenido estadounidense en las estaciones de recarga de vehículos eléctricos financiadas con fondos federales del 55% al 100% y exigir que se fabriquen en Estados Unidos. El objetivo es acelerar la manufactura local, fortalecer el empleo industrial y reducir dependencias extranjeras en infraestructura clave para el transporte.
La política de infraestructura vinculada a la movilidad eléctrica en Estados Unidos entró en una fase de mayor exigencia productiva. La administración del presidente Donald Trump propuso que los cargadores financiados con dinero federal pasen a fabricarse completamente dentro del país, cerrando la puerta a esquemas de integración parcial que habían sido admitidos hasta ahora.
La modificación apunta a reforzar el enfoque industrial del programa: cada dólar invertido en la expansión de la red debe traducirse en empleo, innovación y capacidad manufacturera estadounidense.
Qué cambia respecto del esquema anterior
Hasta el momento, la normativa permitía cumplir con la regla con un contenido nacional del 55%. La actualización impulsada ante la Federal Highway Administration (FHWA) propone subir ese umbral hasta el 100%.
El nuevo estándar abarcaría no solo el ensamblaje final, sino también el origen de los componentes internos, sistemas electrónicos, estructuras y equipamiento asociado a las estaciones de carga. Una vez finalizado el proceso regulatorio, la aplicación sería inmediata para iniciativas que estén en compra o en fase de instalación utilizando fondos federales.
El Departamento de Transporte sostiene que la industria dispone hoy de la capacidad necesaria para producir localmente. Bajo esa premisa, mantener excepciones amplias dejaría de tener sentido económico y estratégico.
El cambio busca acelerar decisiones de inversión, promover nuevas plantas y consolidar proveedores estadounidenses en un mercado que crecerá de forma sostenida a medida que aumente la electrificación de vehículos comerciales.
También se subraya el componente de seguridad nacional: una cadena de suministro doméstica permitiría mayor control sobre estándares tecnológicos y eventuales riesgos de ciberseguridad.
Para fabricantes internacionales, la señal es clara. Participar del negocio vinculado a fondos federales requerirá presencia industrial concreta en territorio estadounidense.
Para los estados, en tanto, la medida introduce nuevas variables en la planificación de licitaciones y contratos, obligando a verificar con mayor precisión el cumplimiento de los porcentajes exigidos.
Ventajas para camiones, flotas y aseguradoras
En el sector del transporte de carga, el avance hacia una red más amplia de cargadores es observado como una condición necesaria para que la adopción de unidades eléctricas gane escala. Desde esa perspectiva, la profundización del requisito puede generar efectos positivos de mediano y largo plazo.
Entre los principales beneficios están:
- Mayor disponibilidad de repuestos, al concentrarse la producción dentro del país.
- Soporte técnico más cercano, con fabricantes y servicios especializados operando en el mismo mercado.
- Tiempos de reparación más previsibles, reduciendo incertidumbre operativa.
- Cadenas logísticas más cortas, menos expuestas a interrupciones internacionales.
- Mejores procesos de certificación y control de calidad, relevantes para auditorías.
- Facilitación en la gestión de siniestros, gracias a trazabilidad y acceso a componentes.
- Para aseguradoras que evalúan riesgo tecnológico y continuidad de operaciones, la fabricación local tiende a simplificar validaciones, homologaciones y reposiciones.
El desafío de la transición
Ningún cambio de esta magnitud ocurre sin ajustes. La adaptación de proveedores y la ampliación de la capacidad productiva pueden generar fricciones temporales mientras la oferta termina de alinearse con la nueva demanda. Aun así, la administración apuesta a que el incentivo del mercado federal será suficiente para acelerar el proceso.
La decisión confirma una tendencia: la política de transporte ya no se limita a desplegar infraestructura, sino que se utiliza como herramienta para moldear dónde y cómo se produce la tecnología.
Para operadores de flotas, fabricantes de camiones y compañías de seguros, comprender esa relación será clave. La disponibilidad de cargadores, el costo del mantenimiento y la estabilidad del suministro dependerán, en buena medida, del éxito de esta apuesta por la manufactura nacional.
Si el plan avanza como está previsto, el futuro de la carga eléctrica en Estados Unidos no solo estará conectado a la energía, sino también al mapa industrial.

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