¿Por qué hay tantos terremotos en el Cinturón de Fuego del Pacífico?

Ring of Fire of the Pacific
Los recientes terremotos vuelven a poner la atención sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico y el riesgo sísmico en la costa oeste , donde rutas estratégicas atraviesan zonas expuestas a sismos.

Los recientes terremotos en Sudamérica vuelven a poner la mirada sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, que también alcanza California, Oregon, Washington y Alaska, donde corredores clave para camioneros como I-5, I-80, I-90 y US-101 están expuestos al riesgo sísmico.

El fuerte terremoto que sacudió el oeste de Colombia el 10 de agosto volvió a poner la atención sobre esta enorme zona de actividad sísmica y volcánica que rodea el océano Pacífico y donde confluyen algunos de los límites entre placas tectónicas más activos del planeta.

El movimiento alcanzó una magnitud de 7,4 y tuvo su epicentro en la zona de San José del Palmar, en el departamento de Chocó. El terremoto provocó graves daños en distintas ciudades del oeste colombiano y se sintió a cientos de kilómetros del epicentro.

El episodio ocurrió aproximadamente seis semanas después de otra catástrofe sísmica en Sudamérica. El 24 de junio, Venezuela fue golpeada por dos terremotos de gran magnitud separados por menos de un minuto. Según los registros citados por Reuters, el primero alcanzó magnitud 7,2 y el segundo 7,5. Investigaciones posteriores describieron la secuencia como un doble evento sísmico producido en el límite entre las placas del Caribe y Sudamericana.

La cercanía temporal entre los terremotos genera una pregunta inevitable: ¿están conectados?

La respuesta científica requiere cautela. Dos terremotos importantes pueden producirse con pocas semanas de diferencia sin que uno haya provocado al otro. La actividad sísmica de Sudamérica responde a varios sistemas tectónicos y fallas diferentes, y no existe evidencia de que un terremoto ocurrido en Venezuela permita anticipar otro en Colombia, ni mucho menos uno futuro en Estados Unidos.

Sin embargo, los acontecimientos vuelven a poner en primer plano una realidad geológica mucho más amplia: gran parte del continente americano está vinculada al sistema tectónico que rodea el océano Pacífico.

¿Qué es el Cinturón de Fuego del Pacífico?

El llamado Anillo de Fuego —o Cinturón de Fuego del Pacífico— es una enorme franja de actividad sísmica y volcánica que rodea buena parte del océano Pacífico.

No se trata de una única falla, sino de una sucesión de límites entre placas tectónicas, zonas de subducción, fallas y arcos volcánicos.

De acuerdo con el U.S. Geological Survey (USGS), aproximadamente el 81% de los terremotos más grandes del planeta ocurre dentro del cinturón sísmico circumpacífico. Entre los grandes terremotos históricos vinculados a este sistema se encuentran el terremoto de Chile de magnitud 9,5 de 1960 y el de Alaska de magnitud 9,2 de 1964.

U.S. Geological Survey: dónde ocurren los terremotos

La explicación está debajo de nuestros pies.

Las placas tectónicas se desplazan continuamente, aunque a velocidades de apenas unos centímetros por año. En determinados límites, una placa puede introducirse debajo de otra mediante un proceso denominado subducción. En otros sectores, las placas se deslizan lateralmente.

El movimiento no siempre ocurre de manera uniforme. La fricción puede mantener bloqueados sectores de una falla mientras las placas continúan desplazándose y acumulando tensión. Cuando esa tensión supera la resistencia de las rocas, la falla se rompe y la energía acumulada se libera en forma de ondas sísmicas: ocurre un terremoto.

Colombia está en una zona tectónica especialmente compleja

La situación colombiana es particularmente interesante porque el país se encuentra en una región donde interactúan varios sistemas tectónicos.

La placa de Nazca avanza desde el Pacífico y se introduce debajo de Sudamérica, mientras que hacia el norte interviene además la placa del Caribe. A esto se suma una compleja red de fallas continentales.

Por eso Colombia registra terremotos tanto superficiales como profundos y posee distintas regiones de amenaza sísmica.

Esto tampoco significa que cada terremoto de Colombia forme parte de una cadena que necesariamente continuará hacia el norte.

La Tierra no funciona como una fila de fichas de dominó alrededor del Pacífico.

Un gran terremoto puede modificar las tensiones en fallas cercanas y generar réplicas o, en determinadas circunstancias, favorecer rupturas en segmentos vecinos. Pero un terremoto ocurrido a miles de kilómetros no permite afirmar que California, Oregon, Washington o Alaska serán los siguientes.

¿Por qué hubo grandes terremotos con solo seis semanas de diferencia?

La explicación más importante es geográfica.

Sudamérica se encuentra atravesada por varios límites de placas extremadamente activos.

Los terremotos venezolanos del 24 de junio estuvieron asociados al límite entre las placas del Caribe y Sudamericana. En ese episodio se produjeron dos movimientos de gran magnitud con apenas 39 segundos de diferencia.

El terremoto colombiano del 10 de agosto ocurrió mucho más al oeste, dentro de otra región tectónicamente compleja.

Por lo tanto, que ambos episodios hayan ocurrido con aproximadamente seis semanas de diferencia no demuestra que el primero haya causado el segundo.

Lo que sí demuestran es que el norte y el oeste de Sudamérica poseen múltiples fuentes capaces de generar terremotos importantes.

¿Puede ocurrir un terremoto de gran magnitud en Estados Unidos?

Cinturón de Fuego del Pacifico
Cinturón de Fuego del Pacifico

Sí. Estados Unidos posee varias de las zonas sísmicas más importantes del continente y algunas están directamente vinculadas al cinturón circumpacífico.

Las cuatro regiones que más interesan desde el punto de vista del transporte terrestre son California, Oregon, Washington y Alaska.

California: San Andres y cientos de fallas activas

California probablemente sea el ejemplo más conocido.

La falla de San Andres marca buena parte del límite entre las placas del Pacífico y Norteamericana. Ambas se desplazan lateralmente una respecto de la otra.

Según el USGS, la placa del Pacífico se mueve hacia el noroeste respecto de la placa Norteamericana aproximadamente dos pulgadas por año.

Pero San Andres no está sola.

El sur de California posee más de 300 fallas capaces de generar terremotos de magnitud 6 o superior, según el USGS. El organismo considera que Southern California presenta el mayor nivel de riesgo sísmico de Estados Unidos debido a la combinación de amenaza geológica, población e infraestructura expuesta.

Para el transporte de cargas, esto convierte a corredores como I-5, I-10, I-15, I-40, I-80 y US-101, entre otros, en infraestructura estratégica ante una emergencia.

El problema no es solamente que el pavimento pueda agrietarse. Un terremoto puede afectar puentes, viaductos, intercambiadores, túneles y accesos, además de provocar deslizamientos, caída de rocas, licuefacción del terreno o interrupciones en servicios esenciales.

Oregon y Washington: el riesgo de Cascadia

Más al norte existe una amenaza diferente.

La Cascadia Subduction Zone se extiende desde el norte de California hasta el sur de British Columbia, frente a las costas de Oregon y Washington. Se trata de una zona de subducción capaz de producir terremotos extremadamente grandes.

Aquí el riesgo no se limita al movimiento del suelo.

Un gran terremoto de Cascadia también podría producir tsunamis, deslizamientos y daños simultáneos en una extensa región del Pacific Northwest.

Para la industria del transporte, uno de los mayores problemas sería mantener operativos los corredores que permiten mover combustible, alimentos, medicamentos, equipos de rescate y otras cargas esenciales después del desastre.

¿Están preparadas las rutas de Estados Unidos?

La respuesta corta es: hay una preparación considerable, pero eso no significa que todas las rutas puedan permanecer abiertas después de un gran terremoto.

Los departamentos de transporte de los estados más expuestos llevan años desarrollando programas de refuerzo sísmico de puentes y corredores estratégicos.

Washington State Department of Transportation, por ejemplo, mantiene un programa específico de seismic retrofit destinado a reducir el riesgo de colapso de puentes. Más de 900 puentes forman parte del programa y las prioridades se determinan considerando el riesgo sísmico, las características estructurales y la importancia de cada ruta.

Washington también identificó una red de Seismic Lifeline Routes, es decir, carreteras consideradas esenciales para mantener la movilidad después de un terremoto.

En corredores como la I-405 se reforzaron columnas de puentes con estructuras de acero para disminuir la posibilidad de colapso durante un movimiento importante.

Programa de preparación sísmica de puentes de Washington

Oregon prepara rutas para mantener el transporte de suministros

Oregon enfrenta uno de los escenarios más complejos debido a Cascadia.

Por eso el estado trabaja sobre corredores capaces de funcionar como rutas de emergencia después de un terremoto.

Un ejemplo es US-97, donde fueron reemplazados o reforzados varios puentes considerados sísmicamente vulnerables. El objetivo declarado por Oregon Department of Transportation es que US-97 pueda funcionar como una de las principales rutas norte-sur después de un gran terremoto.

También se realizaron trabajos sobre OR-58, un corredor estratégico entre I-5 y US-97 destinado a facilitar el movimiento de suministros entre Willamette Valley y Central Oregon después de un terremoto.

Sin embargo, todavía existen vulnerabilidades.

El Boone Bridge sobre I-5, por ejemplo, es una conexión fundamental del corredor de cargas de la Costa Oeste. Oregon DOT reconoce que el puente presenta riesgo frente a un terremoto de la Cascadia Subduction Zone y estudia su reemplazo. Por allí circulan diariamente alrededor de 17.000 camiones.

Esto muestra por qué hablar de rutas «preparadas» requiere matices: existen importantes inversiones y planes de emergencia, pero un terremoto de gran magnitud puede superar la capacidad de determinados segmentos de la infraestructura.

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Alaska: el estado más sísmicamente activo

Alaska merece una categoría propia.

Según el USGS, registra más terremotos grandes que el resto de Estados Unidos combinado, y más de tres cuartas partes de su población vive en áreas que pueden experimentar un terremoto de magnitud 7.

El terremoto de magnitud 7,1 ocurrido cerca de Anchorage en noviembre de 2018 demostró tanto la vulnerabilidad como la capacidad de respuesta de su red vial.

Después de aquel movimiento, Alaska DOT evaluó más de 265 sitios y determinó que más de 150 requerían reparaciones permanentes. Al mismo tiempo, logró restablecer rutas esenciales mediante reparaciones de emergencia en apenas cinco días.

¿Un terremoto en Colombia significa que ahora puede ocurrir uno en California?

No.

Es importante evitar una interpretación que suele aparecer después de grandes terremotos: pensar que un movimiento en Sudamérica significa que el siguiente necesariamente ocurrirá más al norte siguiendo el Anillo de Fuego.

No existe una secuencia geográfica preestablecida.

California, Cascadia y Alaska ya poseen riesgo sísmico independientemente de lo ocurrido en Colombia o Venezuela.

Los terremotos no pueden predecirse actualmente indicando con precisión el día, la hora y el lugar del próximo gran evento.

Lo que sí puede determinar la ciencia es dónde existen fallas activas, qué regiones presentan mayor probabilidad de movimientos fuertes y qué infraestructura está más expuesta.

¿Qué debe hacer un camionero si ocurre un terremoto mientras conduce?

Para quienes trabajan diariamente sobre las carreteras, la situación presenta riesgos particulares. Un camión pesado necesita mucha más distancia para detenerse y puede encontrarse frente a daños que no son visibles inmediatamente después del movimiento.

Si un conductor siente un terremoto fuerte mientras circula, lo principal es reducir la velocidad progresivamente y buscar un lugar seguro para detenerse, evitando frenadas bruscas.

Siempre que sea posible, debe alejarse de puentes, pasos elevados, túneles, postes eléctricos, carteles elevados, edificios, árboles y laderas con riesgo de desprendimientos.

Una vez detenido en un lugar seguro, permanecer dentro de la cabina puede ofrecer protección frente a objetos que caen, salvo que exista un peligro inmediato que obligue a abandonar el vehículo.

Después del movimiento principal hay que asumir que pueden producirse réplicas.

También es fundamental no ingresar automáticamente a un puente o viaducto después de un terremoto fuerte, especialmente si existen grietas, desplazamientos, estructuras caídas o indicaciones de cierre. Las autoridades pueden cerrar carreteras temporalmente mientras los ingenieros realizan inspecciones.

En áreas costeras de California, Oregon, Washington y Alaska existe además otro peligro: los tsunamis. Después de un terremoto fuerte o prolongado cerca de la costa, los conductores deben seguir inmediatamente las órdenes oficiales de evacuación y dirigirse hacia terrenos elevados cuando corresponda.

Para los camioneros de larga distancia conviene llevar agua, alimentos no perecederos, linterna, cargadores o batería externa, botiquín, ropa de abrigo y combustible suficiente para enfrentar desvíos o esperas prolongadas.

Y antes de continuar viaje después de un terremoto, es indispensable consultar los avisos oficiales del DOT correspondiente. Una autopista que parece transitable puede encontrarse cerrada algunos kilómetros más adelante por daños en un puente, derrumbes o inspecciones de emergencia.

El riesgo está en el mapa, pero también en la preparación

Los terremotos de Venezuela y Colombia separados por aproximadamente seis semanas no significan que exista una cadena de terremotos avanzando hacia Estados Unidos.

Pero sí sirven como recordatorio de una realidad geológica permanente.

Desde Sudamérica hasta Alaska, el continente americano atraviesa algunos de los límites tectónicos más activos del planeta. En Estados Unidos, California, Oregon, Washington y Alaska concentran amenazas particularmente importantes para carreteras y transporte de cargas.

Las autoridades han reforzado cientos de puentes, identificado rutas de emergencia y desarrollado corredores estratégicos para mantener el movimiento de suministros después de un desastre. Aun así, ningún sistema vial puede considerarse completamente inmune frente a un gran terremoto.

Para quienes viven de la carretera, la prevención también forma parte del viaje: conocer el riesgo de la ruta, revisar las alertas oficiales, contar con suministros básicos y tener una cobertura de seguro adecuada puede marcar una diferencia cuando una emergencia transforma en segundos las condiciones del camino.

En zonas sísmicas, viajar preparado también es viajar asegurado.

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