Según un informe del Chartered Institute of Procurement and Supply (CIPS), casi un tercio de los ejecutivos reportan un aumento significativo de ciberataques a su cadena de suministro en los últimos seis meses. El dato alerta sobre una tendencia que amenaza la estabilidad del transporte, el comercio internacional y la seguridad económica de Estados Unidos.
La globalización y la digitalización del comercio han convertido a las cadenas de suministro en sistemas cada vez más interconectados, eficientes y, a la vez, vulnerables. En ese contexto, los ciberataques se han transformado en una de las principales amenazas para la logística moderna.
De acuerdo con el estudio del CIPS, el 32 % de los directivos encuestados admitió haber experimentado algún tipo de ataque o intento de intrusión en los sistemas digitales que sostienen sus operaciones. Los incidentes incluyen desde ransomware —bloqueo de datos a cambio de un rescate— hasta infiltraciones silenciosas que manipulan información de inventarios, rutas o despachos.
El fenómeno ya no se limita a empresas tecnológicas o financieras: hoy abarca puertos, aerolíneas, transportistas, operadores ferroviarios y almacenes, todos dependientes de plataformas digitales para coordinar movimientos de carga y documentación aduanera.
“Un ataque bien dirigido puede detener una flota entera, paralizar un puerto o provocar pérdidas de millones de dólares por día”, advierte el reporte.
Del software al movimiento físico: el impacto real
A diferencia de otras amenazas digitales, los ataques a la cadena logística tienen consecuencias materiales inmediatas. Según The Guardian, en los últimos meses se registraron casos en los que sistemas de gestión portuaria y plataformas de seguimiento satelital de camiones fueron comprometidos, obligando a suspender operaciones durante horas o incluso días.
Estos ataques no solo afectan los sistemas informáticos (TI), sino que pueden interrumpir el funcionamiento físico del transporte, cerrar terminales marítimas, detener la carga en aeropuertos o desincronizar el control de inventarios entre depósitos.
Un ejemplo reciente fue el ataque a una empresa de software de rastreo utilizada por miles de transportistas norteamericanos, que dejó fuera de línea las aplicaciones de monitoreo durante más de 24 horas. Las consecuencias fueron inmediatas: retrasos en entregas críticas, congestión en centros de distribución y pérdidas millonarias para minoristas.
Para los expertos, el sector logístico se ha convertido en un blanco preferido por los hackers porque combina alta digitalización con baja ciberresiliencia, especialmente entre operadores pequeños o medianos que dependen de software externo para gestionar sus flotas o depósitos.
La “tormenta perfecta”: digitalización acelerada y brechas estructurales
Durante la pandemia y la recuperación posterior, miles de empresas migraron sus operaciones hacia sistemas digitales y plataformas en la nube para mejorar la trazabilidad y reducir costos. Sin embargo, muchas no acompañaron ese proceso con una inversión equivalente en ciberseguridad.
Esa brecha estructural —entre el nivel de digitalización y la capacidad de protección— es hoy el punto débil del sistema global.
“El comercio internacional depende cada vez más de la información en tiempo real. Pero si esa información es alterada, robada o bloqueada, toda la cadena se interrumpe”, señaló The Guardian.
El riesgo no se limita a los datos: un ataque exitoso puede manipular sensores IoT en contenedores refrigerados, alterar coordenadas de GPS o falsificar documentos de despacho, con efectos directos sobre la seguridad alimentaria, farmacéutica o energética.

De la amenaza al colapso: escenarios de disrupción
Los analistas equiparan hoy el riesgo de un ciberataque masivo a la cadena logística con los efectos de un desastre natural o una huelga nacional. Una sola brecha puede provocar cuellos de botella en los puertos, congestión en rutas interestatales y desabastecimiento temporal de productos esenciales.
El propio Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU. (DHS) ha emitido alertas en 2025 sobre la necesidad de fortalecer los sistemas logísticos ante “riesgos híbridos”, es decir, amenazas que combinan sabotaje digital con efectos físicos.
Entre los sectores más vulnerables se encuentran:
- Transporte de alimentos y farmacéuticos, donde un ataque puede comprometer la trazabilidad sanitaria.
- Puertos y terminales intermodales, altamente dependientes de software de coordinación.
- Camiones y flotas autónomas o semi-automatizadas, cuyo control remoto es susceptible a interferencias.
- Empresas de e-commerce y retailers, donde un retraso de horas puede implicar pérdidas millonarias.
La urgencia de una respuesta coordinada
El informe del CIPS concluye que la seguridad cibernética debe dejar de ser una preocupación aislada del departamento de TI y convertirse en una política estratégica transversal, con inversión constante, capacitación del personal y cooperación público-privada.
Algunas empresas estadounidenses ya implementan simulacros de contingencia digital, sistemas redundantes de respaldo y protocolos de respuesta rápida ante intrusiones. Sin embargo, el desafío sigue siendo global: las cadenas de suministro cruzan fronteras, y un punto débil en un país puede comprometer la logística en otro.
En paralelo, la administración federal analiza medidas para exigir estándares mínimos de ciberseguridad a contratistas de transporte y proveedores de software, especialmente aquellos que operan infraestructura crítica.
Un riesgo estructural del siglo XXI
En un mundo donde casi cada envío, contenedor o carga depende de una plataforma digital, la ciberseguridad se ha vuelto un elemento tan esencial como el combustible o la infraestructura física.
La advertencia es clara: una brecha informática puede causar una disrupción tan severa como un huracán o una huelga portuaria, afectando rutas, comercio y empleo.
Si las cadenas logísticas son las arterias del comercio global, los ciberataques representan una nueva forma de infarto: invisible, veloz y capaz de detener, en cuestión de horas, el flujo que sostiene la economía mundial.

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